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Terra
La Coctelera

PORQUE AMAR A JERUSALEN

Cuando hablamos de amor por lo general siempre nos referimos a un ser querido, del cual tenemos grandes recuerdos, y vivimos agradecidos porque compartimos grandes momentos de nuestra vida con es persona, así tiene que ser con Jerusalén ya que allí, nació el personaje mas grande de la historia mundial Jesús de Nazareth.

· En el tiempo ya se dio con el nacimiento de Jesús Miqueas 5:2
· Mientras yo ame a Jerusalén una parte de mi alma cautiva solo encontrara liberación cuando quiera volver mis ojos a Jerusalén Isaías 33:20-21
· Dios la escogió como su habitación, porque es un lugar de reposo, Él la ha amado, y su provisión será bendita Salmo 132:13
· No olvidarme de ella, debe ser prioritario en mi vida Salmo 137:5-6
· Dios mora en ella y es un lugar de descanso y experimentamos la paz de Dios en sus calles y muros.
·
APLICACIÓN PERSONAL:

Debemos amar a esta tierra porque es muy especial, el solo pisar sus calles le produce paz, amor y ternura entender que por allí anduvo Jesucristo, y que su ministerio es de gran bendición para todos nosotros hoy.

APRENDA A PERSONAR

APRENDA A PERDONAR

Perdonar... Para algunas personas es la palabra más difícil de pronunciar.
Toda idea de perdón se le queda allí trabada en sus resentimientos, en sus deseos de agraviar al otro y de vengarse. Además a muchos, temporalmente el PERDÓN les resulta INJUSTO

¿Acaso ellos no fueron los ofendidos...?
¿Uno va a tener que ser siempre el que ceda?
¿Tendrá que tragar afrentas, e iniciar de nuevo el humillante diálogo...?

CONFESÉMOSLO: el PERDÓN está comúnmente bloqueado con nuestro orgullo; por este afán de Justicia orgullosa por la que, en el fondo no queremos soluciones, sino Humillaciones para el otro.
Mirémonos en un espejo: ¿Que queremos...? ¿Vengarnos...?
¿Demostrarles que somos seres superiores...? ¿ Queremos saciar nuestra rabia y dar riendas sueltas al odio?

CRISTO nos manda a perdonar:

"Perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores..."
No es una frase bonita la que repetimos en el padre nuestro. Allí se nos pide algo... ¿Qué...?
Por lo menos que dejemos de lado el deseo de venganza y de agravio.
No se nos pide que de nuevo le brindemos la antigua amistad si la ofensa ha sido realmente grave y no ha reparado su injusticia:
Pero, el cristianismo nos pide que a pesar de todo lo que haya hecho el otro, tengamos todavía esperanza en ese hombre..., o en esa mujer...

Y que si es un antiguo amigo, amiga, si es un esposo, esposa; si es un novio, novia, tengamos en cuenta, no su agravio presente, si no, la realidad total de su conducta.
No juzguemos a nadie por un hecho, por una palabra sola...
¿Nadie te ha condenado...? Pues yo tampoco--dice Jesús--te condenaré...
Pero no quieras hacerlo más... ¿Podremos empezar a perdonar como Jesucristo?
¿Intentará Ud. de nuevo, dar esa luz a sus ojos, esa cordialidad y paz a su corazón?...

El mundo está lleno de personas con buenas intenciones...
Lo que necesitamos ahora de esas personas ¡Son buenas acciones!

APRENDA A PERSONAR

APRENDA A PERDONAR

Perdonar... Para algunas personas es la palabra más difícil de pronunciar.
Toda idea de perdón se le queda allí trabada en sus resentimientos, en sus deseos de agraviar al otro y de vengarse. Además a muchos, temporalmente el PERDÓN les resulta INJUSTO

¿Acaso ellos no fueron los ofendidos...?
¿Uno va a tener que ser siempre el que ceda?
¿Tendrá que tragar afrentas, e iniciar de nuevo el humillante diálogo...?

CONFESÉMOSLO: el PERDÓN está comúnmente bloqueado con nuestro orgullo; por este afán de Justicia orgullosa por la que, en el fondo no queremos soluciones, sino Humillaciones para el otro.
Mirémonos en un espejo: ¿Que queremos...? ¿Vengarnos...?
¿Demostrarles que somos seres superiores...? ¿ Queremos saciar nuestra rabia y dar riendas sueltas al odio?

CRISTO nos manda a perdonar:

"Perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores..."
No es una frase bonita la que repetimos en el padre nuestro. Allí se nos pide algo... ¿Qué...?
Por lo menos que dejemos de lado el deseo de venganza y de agravio.
No se nos pide que de nuevo le brindemos la antigua amistad si la ofensa ha sido realmente grave y no ha reparado su injusticia:
Pero, el cristianismo nos pide que a pesar de todo lo que haya hecho el otro, tengamos todavía esperanza en ese hombre..., o en esa mujer...

Y que si es un antiguo amigo, amiga, si es un esposo, esposa; si es un novio, novia, tengamos en cuenta, no su agravio presente, si no, la realidad total de su conducta.
No juzguemos a nadie por un hecho, por una palabra sola...
¿Nadie te ha condenado...? Pues yo tampoco--dice Jesús--te condenaré...
Pero no quieras hacerlo más... ¿Podremos empezar a perdonar como Jesucristo?
¿Intentará Ud. de nuevo, dar esa luz a sus ojos, esa cordialidad y paz a su corazón?...

El mundo está lleno de personas con buenas intenciones...
Lo que necesitamos ahora de esas personas ¡Son buenas acciones!

¿OBSTACULOS U OPORTUNIDADES?

El principal obstáculo que tiene que superar un bote de motor es la resistencia del agua a la revolución de la hélice; pero si no fuera por esa resistencia, el bote no se movería. Esa misma ley también tiene aplicación en la vida humana; los obstáculos son indispensables para el éxito. Una vida libre de todos los obstáculos y dificultades reduciría todas las posibilidades y potencias a cero. Los obstáculos nos despiertan y nos llevan a nuestras habilidades. El esfuerzo nos comunica nuevo poder, de suerte que de las dificultades nace nueva fuerza. De un obstáculo derivamos fortaleza; de la desilusión, crecimiento; de la privación, deseo.
Para poder dar una formación positiva a nuestros hijos, tenemos que comprender que hay algunas cosas que no podemos hacer por ellos. Aun cuando tratemos de protegerlos del mal, no nos es dado sustraerlos a las influencias negativas del mundo. No podemos aislarlos totalmente, No podemos sentir por ellos el dolor cuando se dislocan un tobillo, se fracturan un hueso, se cortan una mano, sufren una enfermedad o cualquiera otra de las mil cosas que le pueden ocurrir a un muchacho. Tampoco nos podemos sentar a hacer por ellos el examen en la escuela, ni hacer la solicitud de empleo cuando ya estén en edad de salir a trabajar.
En vez de ser esto una circunstancia infortunada, es maravilloso que así sea. En verdad, si pudiéramos experimentar los dolores de nuestros hijos, lo más probable es que los asumiríamos con demasiada frecuencia a medida que ellos fueran creciendo. Pero entonces ellos no se desarrollarían y seguirían siendo eternamente niños.
Cuando nuestros hijos encuentren dificultades y pesares, lo que tenemos que hacer es hacerles saber que comprendemos, que allí estamos, que los amamos y los apoyamos. En tales situaciones necesitamos entender claramente la importancia de la empatía. Los padres que sólo sienten simpatía criarán por lo general hijos consentidos por tratar de hacerlo todo por ellos y, lo que es peor, les darán gusto en cuanto se les antoje.
La simpatía implica que uno siente lo mismo que la otra persona. La empatía significa que uno comprende cómo siente el otro, pero no siente igual; y porque no siente igual, puede distanciarse del problema y proponer una solución objetiva. Ese es el papel que a usted le corresponde como padre en la formación positiva de sus hijos. Es preciso que los padres aprendan a ver los obstáculos y los problemas desde cierta distancia, para poder ofrecer a sus hijos las soluciones adecuadas.

APRENDA A PERSONAR